ÉL: ¿Qué queréis, las mujeres? ¿Qué queréis?
ELLA va a intervenir, pero la repentina verborrea de ÉL se lo impide.
ÉL: Queréis putos supermanes. Queréis tíos fuertes pero que tengan tipín, que tengan pinta de atormentados pero que sean graciosos, los queréis poetas pero un poco brutos. Queréis que sean constantes pero que sepan sorprender, que sean sinceros pero que conserven el misterio, que estén locos por vosotras pero pasen de vuestro culo. Queréis que sean guapos pero que el físico no importe, queréis que tengan un buen rabo pero que el tamaño dé igual… ¡Joder, queréis superhéroes del equilibrismo! Queréis que tengan la capacidad de abriros el cielo en un momento, pero que lo hagan sólo para vosotras. Queréis que no tengan secretos pero también que sean como desconocidos cada vez para que podáis sentir putas hormiguitas en el estómago… ¡Lo queréis todo, coño, todo!
ELLA: Qué mal rollo me estás dando.
(Levantándose)
Tengo que irme, he quedado.
ELLA coge su chaqueta y se dirige a la salida. ÉL la sigue con la mirada por un
momento.
ÉL: Joder, otra que se va sin pagar.
Tras unos segundos, se levanta bruscamente y corre hacia la puerta.
ÉL: ¡Eso, huye! ¡Como siempre! No hay por qué escuchar algo que no te agrada. La vida sólo está para disfrutarla, ¿no?
ELLA continúa alejándose. Está a punto de desaparecer tras una esquina, al otro lado de la calle. ÉL le grita desde la puerta:
ÉL: ¡Y lo que estás aprendiendo, ¿eh?! ¡¿Eso no cuenta?!
Ahora sí, ELLA se detiene. Gira, sonriendo, y vuelve sobre sus pasos.
ELLA ¿Aprendiendo? ¿Pero quién te crees que eres para andar enseñando? ¿Qué das, cursos sobre cómo sobrellevar la impotencia?
ÉL: Oye, me acaban de abandonar. Podrías tener un poco de consideración.
ELLA: Mira, quizá tu chica estaba muy confundida. Pero yo tengo muy claro qué quiero de un tío.
(Entrando de nuevo, haciéndole retroceder:)
Básicamente quiero que me haga sentir que no estoy desaprovechando mi vida, porque es muy corta… Quiero que me abra las piernas, no el cielo, pero que lo haga cada noche. Quiero que sepa mentirme. Quiero que no me importen sus mentiras porque se deja el alma cuando está conmigo. Quiero que sea generoso porque pueda permitírselo, no porque obliguen las buenas maneras. Quiero que tenga sangre en las venas, que me grite lo puta que soy cuando lo abandono. ¡Quiero un poco de épica! Quiero que le dé igual lo que yo haga cuando no estoy con él porque sabe que no encontraré a nadie mejor. Quiero que me tiemblen las rodillas cuando me agarra la nuca. Quiero que la tenga bien grande y que el tamaño sí importe.
(Pausa. Al CAMARERO, que estaba escuchando:)
¿Qué te debo?
CAMARERO: No, nada…
ÉL: Lo que yo decía, un superhéroe.