Todo nace y se marchita, el amor muere y resucita. Enseñan más las horas que los años, los besos de los labios del amor cuando hace daño. Culpable de mis pecados lo confieso, que le voy a hacer si siempre me vendo por un beso.
Tantas palabras y crueles cicatrices y al final lo que más duele es el te quiero que no dices. Te recuerdo despacito y sin ayuda, por el brillo de tu cuerpo cuando suda. Siempre nos quedará una luna muda y el tibio escalofrío de los versos de Neruda. Ante tus labios de carmín deja que brinde, por el amor y su motín, cuando el dolor al fin se rinde. Créeme cuando te digo que quiero que seas feliz aunque no sea conmigo.
Ha sido todo un placer bailar contigo.