Tú sabes que mis huesos solo cojen calor con el roce de tu
cuerpo, justo ahí, entre latidos que se aceleran y un orgullo que nos frena, y
neuronas que se pierden cuando las sonrisas llegan. Porque eres tú, mi media naranja, esa que aparece para escocerte en las
grietas que otros dejaron en tus labios a base de besos vacíos. Porque eres tú, somos nosotros, los que volvemos a soñarnos por las noches y a engañarnos por el
día. Por eso y más, he soñado que dormía entre tus piernas, y he dejado el sueño
patas arriba. Ahora me queda poco. Todo lo que tengo es un papel y el eco de tus besos resonándome
en mi piel.
Soñar despierto con la luz de tu sonrisa; soñé en hablarte
de tu pelo y ser la brisa; pensé decirte que la vida era tu boca, y no. Pero yo me conformo con poco, tú quiereme así, tan vulgar en la cama y tan elegante en tú
mesa.
