Esta canción es una carta sin remite, una botella que se arroja al mar, en esas noches en que el cielo se derrite y la luna te permite que la saques a bailar.
Cuantos días con el alma desvelada, cuantas noches cometí el mismo crimen, cuántas veces te he buscado entre caladas, cuántos versos, cuántos besos siguen presos, cuántos, dime...
Cuántas madrugadas, cuántos cuentos de hadas sin Alicias, cuántas caricias prestadas, cuántos labios me sirvieron de coartada en esas noches que la luna dormía sobre mi almohada. Y amada mía de azufre y de poesía
es la agonía del que sufre del dolor de la utopía, en mi ciudad las madrugadas son tan frías que hasta la soledad anda buscando compañía.
